jueves, 17 de septiembre de 2009

YA NADIE QUIERE HACER NADA

EN LA ISLA


Durante una visita al museo de la ciudad, me percate al salir de que habían unas revistas bajo el escritorio, como si hubiesen sido guardadas a propósito de no darlas. Sin embargo mi necesidad de saber hizo que le preguntara a la encargada si estaban en venta, ella contesto que no pues eran gratuitas, con el mismo tono siguió platicando, mientras, yo junto a ella esperé una señal de correspondencia, nada paso así que insistí sobre si podía darme una. Finalmente y sin entender mi necedad las saco y puso sobre el cristal del escritorio. Extasiada quede al saber que al fin Carmen comenzaba a ser “TIERRA DE TODOS”.

La tuve en el carro durante dos días, no había tenido tiempo de leerla y no soy de las personas a las que les guste hojear, creo que simplemente es como hipocresía literaria, tratando de cumplir con que te interesa pero solo pasa las hojas con pesadez. Fue hasta días después, precisamente una noche antes de crear el blog cuando comencé, la portada me enamoro con un dibujo de preescolar, no es que generalice pero me traía tantos buenos momentos pues no era la primera vez que unos trazos imperfectos y sin precisión hacían este sentimiento en mi, Tristán de tercero de jardín una ocasión se acerco durante mi jornada y con un tanto de pena me mostro su hoja, me explico al ver mi asombro que ese círculo con líneas era yo, nada había dejado a un lado, tenía unos lentes y el cabello amarrado. También me recordaba a mí misma, aunque más pequeña, saliendo del salón para enseñar el arte a mi hermano o a mi madre, realmente me había llenado de todo esto una simple portada.

La primera pagina tenía en letras grandes la palabra “PERRO” y desde ahí no me detuve sino hasta el final, tiempo antes en Mérida había tenido la oportunidad de leer este tipo de revistas: Moho, Aguarraz e incluso aquellas sin patrocinio, todo era literatura para mi, siempre he creído que nada es poca cosa cuando llega al papel. Tienen apenas 1 año de circulación, comentaba el escritor que el año pasado habían robado su mochila donde llevaba ejemplares de esta misma, pensé que al menos había llegado la literatura a manos de un ladrón y luego me enfade al darme cuenta que yo había tenido que esperar una visita al museo para toparme con ella.

Tuve ganas de formar parte de esto, creí que la isla merecía más que un rollo de papel ensangrentado con las tragedias que sucedían sobre su propia arena, habían distintos números de celular para contactarlos y me decidí por el más armónico, deben saber que tengo ciertas creencias hacia los números, además que iba acompañado de un nombre femenino. Pero los destinos no conocen de armonía ni creencias, al destino poco le importa la distancia o el dolor, así que la respuesta esperada nunca se hizo llegar. Pregunte si podía darme más informes, que me gustaría participar en el proyecto y si sabía donde se producía esta revista, mas tarde me llego el mensaje diciendo: - ¿Y por qué yo? Pregúntale a la editora, no vuelvas a escribirme. Ciertamente, había entendido la escases de oportunidades, de avances, comprendí por que el México que hoy aqueja, supe la razón de los niños con hambre y frio, de las casas aisladas por los montes y las cabezas amarradas por una cruz de cobre, todo pareció tener respuesta y mas allá de arremeter en contra de mis deseos por formar parte de una literatura, me hizo encontrar la causa de todos estos males: ¿POR QUE YO? El pensamiento mexicano de creer que si alguien pide algo, seguramente se lo quiere chingar, siempre juzgando. El egoísmo de no querer dar un poco de aquello que puede hacernos mejores, y es que al ver de nuevo su número en esa pagina me hizo pensar en las instrucciones de las etiquetas, esas que casi nunca se leen porque parece que las escriben con ganas de no poder ser entendidas y en última instancia ni siquiera saber de su existencia. Recordé el día en que asqueada por la injusticia le recordé al conductor del autobús que el tiempo no se detiene y un día tendrá la lentitud que hoy le hacía desesperar de aquella anciana, mientras los demás se sonrojaban por no decir nada y concluí que todos callaron pues habían de haberse preguntado lo mismo que aquella mujer: ¿POR QUE YO? Y es por esto que estoy segura que si les diéramos un carro convertible jamás volvería a pasar esa pregunta por su mente y gustosos aceptarían el placer sin cuestionamiento.

Entonces me conteste: - Porque tengo que…así de simple. Fue cuando en un esfuerzo por comunicarme con la comunidad carmelita, termine hablando con el mundo.


Ámbar Muñoz García.

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